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Un sitio de reflexiones maduras, serenas y objetivas sobre la problemática de Cuba y su futuro posible. Puntos de vista sobre Literatura, Economía, Política, Sociedad, Historia y Cultura, así como sobre el exilio cubano en todo el mundo.

Asdrubal Caner

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Escritor y Poeta

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martes, 27 de febrero de 2007

CUBA-ESTADOS UNIDOS: LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (Parte I)

Un aspecto que ha sido objeto de una fuerte campaña de los comunistas e izquierdistas de todo el mundo sobre Cuba, fue la relación de la burguesía cubana con los EE: UU, sobre todo la burguesía agro-industrial azucarera, la más poderosa, y la burguesía comercial importadora. Se les acusó y se les acusa, de estar entregada a los intereses de EE:UU con los cuales tenía relaciones umbilicales y que por eso, jamás protestaron ante los Tratados de Reciprocidad de 1902 y 1936, así como ante la Ley Jones-Costigan, el acuerdo comercial del 39 y la compras de las zafras a precios fijos durante y después de la II Guerra Mundial (1942-1947).
A mi entender, Cuba tenía muy pocas opciones en su comercio del azúcar con Estados Unidos. Si se tiene en cuenta que Cuba competía contra, Hawai, Filipinas, República Dominicana y Puerto Rico, por mencionar sólo a los más poderosos de los que recibían cuotas de venta a EE:UU, Cuba no podía darse el lujo de no aceptar las condiciones del poderoso comprador del Norte. Sin embargo, nuestro país siempre recibía la cuota más alta, como es el caso de la Ley Jones-Costigan, que asignó 1,724,990 toneladas anuales, un 29,4% del total general, por encima incluso de los propios productores norteamericanos de remolacha y caña. Los Estados Unidos, además, bajo el sistema de cuotas, en algunos períodos pagaba precios sustancialmente por encima del mercado mundial como en 1955-59 en que el precio mundial era de 3.7 centavos por libra y EE.UU pagó 5.2 c.

Echarle la culpa a la burguesía cubana de los problemas de la agro-industria azucarera, y por consiguiente, de la economía cubana, sin analizar los factores históricos que condicionaron nuestra dependencia del azúcar, me parece, cuando menos, carente de seriedad. Sería como echarle la culpa a la Asamblea Constituyente de 1901 por aceptar la Enmienda Plat y la Base Naval de Guantánamo. Para Europa, con países grandes y desarrollados, ha sido muy dificil las relaciones economicas y comerciales con EE:UU...¿cómo sería entonces para una pequeña isla del Caribe carente de suficientes recursos naturales, humanos y financieros?.
Lo que no tuvimos fue la suficiente inteligencia para discernir la importancia estratégica de la justicia y el bienestar social para todos, como lo pidió José Martí; ni la tuvimos para darnos cuenta de la esencial necesidad de la unidad nacional en torno a un programa de desarrollo en todas las esferas de la vida económica y social que abarcara a todas las clases y segmentos sociales de la Isla, incluyendo a los negros y mestizos. El caudillismo, los desacuerdos, los intereses personales egoístas y los intereses de clase, han escrito – y siguen escribiendo - muchas páginas en la historia de Cuba; no fuimos lo suficientemente inteligentes para vertebrar una verdadera “cultura de las instituciones democráticas”, que pusiera en primer plano el imperio de la ley que esas instituciones representaban y las libertades civiles y políticas y todo el conjunto de derechos humanos a que somos acreedores desde nuestro nacimiento como seres humanos.

Incluyo como parte esencial de las injusticias y la falta de derechos, la discriminación racial contra los negros y mestizos, sobre todo por las clases blancas aristocráticas y, por contagio, de un segmento de la clase media y los trabajadores, aunque entre los campesinos y los trabajadores era menor tal tipo de discriminación. Todo eso nos llevo a la descabellada idea de la salvación através del “lider” o “caudillo” de turno. Las insuficiencias de nuestra cultura democrática, el egoismo ramplón y nuestra ignorancia general, son en buena parte, los fundamentos para explicar la corrupción política y el robo descarado del tesoro público, y con ello, la pérdida de toda creencia y toda esperanza en los políticos y las instituciones democráticas.
Por otra parte, si Cuba podía presentar para 1958 los altos índices de desarrollo económico y social de que hacía gala, se lo debemos a las inversiones y al comercio con Estados Unidos. En realidad, la existencia de la primera potencia del mundo en la esquina de nuestras costas, se debe considerar como una extraordinaria ventaja comparativa de nuestra economía. El sabio cubano Fernando Ortiz ya lo había señalado en 1912:

“Nuestro clima tropical, unido a su proximidad a Estados Unidos, determina el fenómeno geográfico de que Cuba sea el país tropical más inmediato a un gran centro de consumo, de civilización y poderío. Ni Veracruz ni las Antillas Inglesas, ni Venezuela, Colombia y Centroamérica presentan esa circunstancia; hasta la misma parte meridional de California, que produce frutos tropicales, está a mayor distancia de las regiones más pobladas de Estados Unidos. Este curioso fenómeno no puede menos de haber influido en el concepto económico-político que de nuestra importancia se ha tenido y tiene entre nuestros vecinos, capaces de consumir en sus mercados toda la producción de que seamos capaces" (1)

Al considerar a los EE:UU – al imperialismo yankee, como gusta decir el sátrapa - como un elemento que imposibilitaba el desarrollo de otros sectores de la economía cubana, principalmente la industria no azucarera y nos mantenía en condiciones monoproductoras y monoexportadoras que nos condenaba al subdesarrollo, se mira un solo aspecto de esa realidad y no la total significación de esas relaciones, tal y como queda apuntado por F. Ortiz. Y ese ha sido el más grave error del análisis marxista sobre nuestra isla, hasta al punto de llegar a convertir las contradicciones entre Cuba-EE:UU, en la contradicción fundamental de la nación cubana, a partir de lo cual, configuraron la concepción antimperialista y antiamericana como una prioritaria lucha de liberación nacional. Ese error lo entroniza Julio A. Mella, lo continúa Antonio Guiteras y lo sigue Blas Roca Calderío y el PSP y F. Castro lo hace política y práctica fanática de cada día, hasta arruinar la nación cubana más allá de toda imaginación.

Sólo el comercio y las inversiones con los EE:UU y las naciones cercanas de A. Latina permitirán a Cuba, en un futuro que ya se vislumbra, salir de la espantosa postración y miseria a que la ha condenado el “antimperialismo” comunista.
Con la afirmación anterior no estoy abogando por reproducir los esquemas inversionistas y comerciales del siglo pasado con EE:UU, ni tampoco estoy negando los errores, la arrogancia y el desdén con que trataron los EE.UU a Cuba. Pienso, como Martí, de que quien compra manda y quien vende sirve. La existencia de una economía abierta y muy dependiente del comercio internacional, hacen a Cuba muy vulnerable ante las relaciones mayoritarias con un solo país. Por eso, una inteligente política económica para el futuro, sería la mayor diversificación posible en inversión y comercio, sin perder las ventajas comparativas que la cercanía proporciona, no sólo con EE:UU sino también con Canada, Brasil, Argentina, Mexico, Venezuela, el Caribe y otros países de América Latina.
[1] Ortiz, Fernando. El Pueblo Cubano. Edit. Ciencias Sociales, La Habana, 1997. Pag 12.

De cualquier forma, las relaciones con EE.UU serán una prioridad de cualquier futuro gobierno cubano, puesto que no hay otra alternativa más viable para nuestro país que no sea la integración económica con el gigantesco mercado de nuestro más cercano vecino, y con todo el mercado americano. Cualquier estrategia de desarrollo económico, cualquier política económica que adopte el futuro gobierno democrático cubano, tendrá que situar como núcleos básicos:

-La más amplia diversificación de la economía de mercado en sectores como las comunicaciones, informática, petróleo y gas,biotecnología, construcciones, industria de máquinarias e industria ligera, turismo, banca y productos financieros y el desarrollo acelerado de los derivados de la caña de azúcar (papel, madera, alcoholes, generación eléctrica y otros)
-Diversificación comercial con una cautelosa y pragmática política de aprovechamiento de los lazos económicos, financieros y comerciales con EE.UU, sin permitir ningún tipo de dependencia comercial o política
-El más amplio y decidido apoyo a los inversionistas cubanos, tanto de la diáspora como dentro del país. Debemos cerciorarnos muy bien, que TODA la tierra permanezca en manos cubanas, así como los recursos claves de la economía
-Desarrollar una avanzada política de empresas conjuntas con el capital extranjero en sectores seleccionados, de acuerdo a nuestros intereses a largo plazo
-Prestar especial atención a la busqueda de petróleo y gas; busqueda de nuevas fuentes de agua y el mejoramiento de las existentes, así como dedicar ingentes recursos a resolver los problemas de desertificación que la isla está sufriendo
-Severo control del incremento poblacional.

La exploración y extracción de petróleo y gas tendrá una importancia tan esencial, que de ello dependerá la verdadera independencia y desarrollo de Cuba. Los otros dos factores críticos serán las disponibilidades de agua y el tamaño de la población. Nuestro país no puede aguantar una población de 15-20 millones de habitantes más unos 6-8 millones de visitantes, que consumirán voluminosas cantidades de petróleo, gas, electricidad, agua y generarán millones de toneladas de basuras y residuos de todo tipo, que no hay donde colocar. No tenemos agua, y la isla se está desertificando. Tampoco petróleo suficiente.

Ese gobierno tendrá que mantener en sus manos un importante segmento de la propiedad pública por algún tiempo, para hacer frente a una transición económica y política relativamente larga y traumática, que afectará a millones de ciudadanos

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