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Un sitio de reflexiones maduras, serenas y objetivas sobre la problemática de Cuba y su futuro posible. Puntos de vista sobre Literatura, Economía, Política, Sociedad, Historia y Cultura, así como sobre el exilio cubano en todo el mundo.

Asdrubal Caner

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Escritor y Poeta

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es temprano,siga leyendo

martes, 1 de abril de 2008

VERTIGO

NOTA DE CAYOCANASISLAND:


Pido permiso a Cubanet, para reproducir
este excelente artículo de Jorge Olivera Castillo, periodista disidente
de mi querida patria.


Sus comentarios incisivos, punzantes
y bien escritos, los busco todos los días. Habla con elocuencia y elegancia
de una realidad que le desborda y le da nauseas: la realidad castrista
de todos los minutos que vive o sobrevive en la isla-bunker. Una prisión
llena de excrecencias por todas partes: en la cuadra, en el vecindario,
en la ciudad, en todo el archipiélago y en las personas, que como zombies.
arrastran sus penas y calamidades por el purgatorio, sin chistar.


Asdrúbal Caner Camejo




Vértigo


Jorge Olivera Castillo, Sindical
Press


LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) - Podrían decir que soy un acerbo crítico.
Habrá quien me tilde de redomado inconformista. No me tomarían por
sorpresa otras voces queriendo echar combustible sobre mis pánicos.
¿Qué si tengo miedo? Pues claro. Debo admitir que mis pánicos no
son un estorbo. Hace tiempo dejaron de ser esas fieras indomables. Los
diviso en mi conciencia, dóciles y juguetones. No muerden, ni desgarran.
Obedecen sin chistar la orden de aquietarse o empequeñecer hasta la
mínima expresión. Esas palabras, antes muy útiles, para que los temores
me mordieran el alma. Hoy pasan inadvertidas entre mi selva de neuronas.
“Contrarrevolucionario”, “gusano”,
“malagradecido”, “mercenario”. Nada de eso me estremece.


Los artesanos de la infamia siguen
con las mismas herramientas y rutinas. No logran productos de trascendencia.
La materia prima sólo les alcanza para facturar las podredumbres de
siempre y su razón sigue siendo un trozo de sombras.



Mi elección los saca de sus casillas,
pero nunca podré ser un paladín del fraude. Digo lo que pienso, soy
un portavoz de lo que percibo en el barrio y sus alrededores. ¿Por
qué quieren que me cobije bajo las alas del silencio? ¿Cómo ser auténtico
aplaudiendo en lo que no se cree? ¿Es posible la integridad a partir
de un viaje sin final por la órbita de la farsa?


Vuelvo, sin pensarlo, a la senda
de una realidad que la prensa oficial apenas roza en su carrera por
llegar a convencer al lector. Entre párrafo y párrafo desaparecen
las aristas incómodas. Todo queda
con un final feliz como en los cuentos de hadas.


Ahora hay leves asomos a la crítica.
Reproches enanos entre problemas gigantes. ¿Qué se puede conseguir
poniendo en el colimador cualquier asunto social irresuelto, mientras
se continúa a merced de una ideología que estimula conductas y estilos
de vida basados en la indeferencia, la doble moral y la enajenación?

Por mas que intento encontrar un hálito de esperanza, no hago más que tropezar con pedruscos y cáscarasde plátano. No es una metáfora. Esos son parte de los adornos de callejuelasy avenidas. Lo más trágico de esto es la existencia de miles de contribuyentes a esas comarcas del caos.


La gente saca a sus animales domésticos
a evacuar sus necesidades fisiológicas en la vía pública. Los residuos
de la limpieza del hogar descienden de balcones y azoteas sin previo
aviso. El desagüe albañal es un detalle familiar en cientos de vecindarios.

En algunas barriadas muy pobres ya es costumbre defecar sobre periódicos
y en la noche dejar el paquete en cualquier sitio.



Un anciano resopla su flema por
uno de sus orificios nasales, cubriéndose el otro para aumentar la
presión de salida. Lo hace con la naturalidad de un infante a escasos
metros de un grupo de personas. Hay protestas tibias, señal de que
la acción no es grave. Un síntoma de que la miseria profunda y prolongada
cauteriza la sensibilidad.

A ritmo de reguetón llega el crepúsculo. La música hace temblar las
paredes del edificio. Los decibeles se desbordan por las bocinas y llenan
los apartamentos. Seis horas bajo el asedio rítmico y no aparece el
final del aquelarre. Nadie puede escuchar la programación televisiva.
A los jóvenes no les importa.



-¡Que se fastidien, hoy es mi cumpleaños!
-señala el homenajeado como si fuera el dueño del mundo.


Se
escucha un escándalo. Entre el griterío sobresale un tropel de groserías
en varias tonalidades. Son un par de mujeres que se lían a golpes y
se tiran de los pelos.



Una queda en paños menores. Las
dos están descalzas. A pleno día ocurre el incidente. Todo fue por
disputarse el puesto en la fila para comprar las dos libras de papas
per cápita que reparten por la libreta de racionamiento.

La educación formal es una figura esotérica. Algo que el socialismo borró de las historia de Cuba. Sobrevivir es una estación fija.

Un cuchillo de doble filo que deja el sentido común colgado de las
terribles circunstancias.



Cuba me causa vértigo. No llego a desfallecer por la necesidad de mantenerme despierto en la jungla.

Tengo que retratar con palabras algunos capítulos de las tragedias,
aunque insistan en decirme contrarrevolucionario. Mis miedos pude domesticarlos,los deseos de ejercer la libertad de expresión no. Esas fieras son indómitas, tenaces y de hambres pantagruélicas.

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