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Asdrubal Caner

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viernes, 6 de mayo de 2011

Desvergüenza e irresponsabilida


Por Vladimiro Roca

En el año 1997, cuando pasé por las mazmorras de Villa Marista, me definí como contrarrevolucionario, durante uno de los tantos interrogatorios a que fui sometido. El interrogador, mayor Soroa Clapera, me llamó contrarrevolucionario creo que tratando de irritarme o quizá para entrar en una discusión, pero yo le respondí con una pregunta: ¿Cómo se definen ustedes? Nosotros somos revolucionarios, me respondió. Entonces soy un contrarrevolucionario, porque estoy contra todo esto, riposté.

Hace tiempo que yo me defino a partir de las definiciones que ellos utilizan, sin importar si son exactas o no.

No, no estoy desvariando. Lo anteriormente escrito tiene que ver con el título del artículo.

Pues a partir de las palabras de Castro el 26 de Julio de 1974, publicadas el 4 de mayo en la primera plana del diario oficial Granma, creo que voy a tener que revisar eso de definirme como contrarrevolucionario.

He aquí las palabras del ex mandante en jefe: “Ustedes saben que estamos entrando en una fase intensa de legalidad. Las revoluciones y los revolucionarios se caracterizan en una fase porque destruyen todas las leyes, porque eran las leyes de los opresores, de los explotadores, de los dominadores. Pero junto con el hábito de destituir las leyes, muchas veces se desarrolla paralelamente el hábito de no respetar ninguna ley. Y la revolución significa destruir todo viejo orden social y todas las viejas leyes que rigen la vida de una sociedad, y sustituirlas por nuevas. Lo que equivale a decir que hay, que sustituir el espíritu destructor de las leyes viejas, por el espíritu de disciplina y acatamiento a las leyes nuevas.

“¡Enemigos de la vieja ley, y baluartes de la ley nueva! ¡Eso deben ser los revolucionarios!

“La legalidad socialista es imprescindible Y mientras más nos organicemos y más desarrollemos la Revolución, más será necesario crear en la mentalidad de todo el pueblo el conocimiento de la ley y el hábito de acatamiento y respeto a las leyes.”

Si eso es lo que deben hacer los revolucionarios, parece entonces que comenzando por el ex mandante y todos los miembros de la nomenclatura son contrarrevolucionarios, pues ninguno de ellos ha respetado nunca la Constitución y las leyes del país.

Muchas discusiones con el ex mandante sobre la necesidad de promulgar las leyes complementarias de la Constitución para que no quedara en letra muerta, como sucedió con la de 1940, le costaron a mi padre una trombosis cerebral, que disminuyó su capacidad de trabajo y posterior alejamiento de cualquier tarea de partido o gobierno.

El ex mandante no soporta ser enmarcado en normas, ya sean partidistas o jurídicas, que limiten su voluntad y lo pongan a rendir cuentas de sus decisiones y trabajo ante organizaciones u organismos, que considera que no están a su altura.

Para poner un ejemplo, y hay muchos, cuando el ex mandante, decidió prohibir la entrada en los hoteles para turistas extranjeros a los cubanos, violaba lo establecido en el artículo 43 sexto punto de la Constitución, que establece, refiriéndose a los cubanos, que: “se domicilian en cualquier sector, zona o barrio de las ciudades y se alojan en cualquier hotel;”.

Si los que mandan son los primeros en violar las leyes, ¿qué queda entonces para el pueblo?

Los recordatorios del diario de fragmentos de discursos de tiempos pasados, no hacen más que demostrar la desvergüenza de la pandilla de forajidos que pretende mantener al país al margen de todo desarrollo y prosperidad en función de sus caprichos, privilegios e intereses.

Demuestra, también, la irresponsabilidad que han tenido y tienen frente a sus decisiones, que como es lógico no son los que las padecen, pues nunca han querido responder ante quienes dicen representar.

Si tuvieran vergüenza y fueran responsables de sus actos y decisiones hace mucho que hubieran renunciado y se hubieran marchado lejos de Cuba, permitiendo a los cubanos luchar con todas sus fuerzas y creatividad por su felicidad y en pos de una vida mejor.

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