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Un sitio de reflexiones maduras, serenas y objetivas sobre la problemática de Cuba y su futuro posible. Puntos de vista sobre Literatura, Economía, Política, Sociedad, Historia y Cultura, así como sobre el exilio cubano en todo el mundo.

Asdrubal Caner

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Escritor y Poeta

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jueves, 17 de mayo de 2007

LA SOLEDAD DE LA INTELIGENCIA

“El género humano tiene,
para saber conducirse,
el arte y el razonamiento”.
Aristóteles

Los dictadores fascistas, sean de la izquierda o la derecha, odian el arte y el razonamiento. Cuando oyen hablar de esas fragancias espirituales del ser humano, sacan sus pistolas y encienden las fogatas.
No podía ser de otra forma con Fidel Castro. Dos son las virtudes que hacen delirar a los dictadores fascistas: la lealtad y la sumisión.
Les gusta pasearse con los eruditos, pensadores y escritores ….que le sean fieles. Es una forma de ocultar su complejo de inferioridad. Y desde luego, ganar notoridad entre la crema del intelecto.
Pero, odian con fuerza telúrica, a los que no se dejan seducir por la irracionalidad de sus proyectos y conductas. Para esos, sin que les tiemble el pulso, el destierro, la cárcel o la muerte.
Fidel Castro ha provocado uno de los más voraces éxodos de artistas e intelectuales, que recoge la historia contemporánea. Ni Hitler, ni Mussolini, ni Stalin, ni Franco, extirparon de sus países a tanta inteligencia, sabiduría y arte. Si se exceptúa, en la antigüedad, a los Reyes de España en 1492 – que expulsaron a cientos de miles de científicos, artistas e intelectuales judíos y musulmanes – no hay otro dictador en la modernidad, que haya destrozado, a una de las mayores inversiones de capital humano que ha tenido un país, como lo ha hecho el Dictador contra el pueblo de Cuba.
Esos poetas, escritores, músicos y artistas que aún viven en Cuba, viven la soledad de la inteligencia. No la pueden mostrar en toda su plenitud y esplendor. Viven en un exilio virtual. En la isla, le llaman el inxilio.
En el destierro, la soledad de la inteligencia, es una flor sin las primaveras y el salitre de su isla maravillosa. Es una inteligencia libre, abierta, heterodoxa, pero sin los perfumes de la guayaba y la melaza de la caña.
Pero es libre. Libre como los pájaros peregrinos, que van y vienen. No necesitan pasaportes ni permisos para decir sus verdades. Para estar a favor o en contra. Y escriben, escriben sus amores y sus rabias. De sus dolores y angustias. De sus recuerdos de la infancia y sus nostalgias. Les cantan a sus raíces y a la tierra nueva en que viven.
La inteligencia desterrada – además de su eterna nostalgia – ha encontrado la espada y la lámpara para seguir luchando: son su voluntad y la luz para continuar viviendo.
Yo sigo escribiendo. Cada mañana, renazco y escribo. No sólo política o economía. Escribo poemas, como éste que les dejo, entre la filosofía y la rabia.

Isla, polvo de la rabia

Yo escribo sobre mi espalda
poblada de innombrables dolores
Escribo
sobre mis manos pedregosas
y sus dedos solitarios
y malditos
Escribo sobre mis pies
mis pies que perdieron el camino
mis pies que se arrastran
con cadenas por el fango
por el hambre
por las llamas
Escribo libertad sobre mis uñas
mis uñas llenas de nubes
y hongos
mis uñas llenas de lágrimas
mis uñas sin amores
mis uñas viudas
mis uñas sin encantos
Escribo palabras sin sentido
sobre
mis huesos descarnados
y cansados
y escribo
escribo
sin ver el final
Hablo de vaguedades
de cosas sin importancia
de una isla
que se quema
como una caña sola
como una caña sola
Me gusta escribir
sobre mis huesos
filosóficas
insustancialidades
sobre los seres que pasan
que huyen
que vuelan
que se esfuman
como las tormentas
polvorientas del desierto
Escribo sobre mi piel
sin color
la existencia inexistente
de los perdedores
de los millones de transeúntes
cuyos rostros han sido borrados
por el peor de los desamores
la indiferencia
Me gusta escribir sobre mi espalda
mis manos, mis uñas,
mis huesos
mi piel
palabras sin sentido
insustanciales
vacias
que se irán en los fragmentos
de mi cuerpo
en las cenizas del desastre
y el polvo de la indiferencia
sin que nadie se entere
y grite
y aulle
isla, fragmentos
de la nada
la rabia
la rabia infinita.

Un abrazo.

Asdrúbal Caner Camejo

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