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Asdrubal Caner

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Escritor y Poeta

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lunes, 29 de marzo de 2010

ELOGIO Y SALUDO PARA GUILLERMO FARIÑAS


En 1970, al entrar a la Universidad de Oriente a trabajar como Instructor no Graduado y a estudiar la carrera de economista, se me dio la tarea investigativa de estudiar TODOS los discursos de Fidel Castro hasta esa fecha, tarea que realicé durante unos dos o tres años y que, desde luego, no pude terminar por la abrumadora cantidad y el largo de esos discursos. Se trataba de ubicar el discurso o fragmentos del discurso en varias categorías o campos: economía, asuntos sociales, política, marxismo, política exterior, imperialismo, educación, salud, igualdad de la mujer y otras.

No me arrepiento de haber hecho esa investigación. Todo lo contrario, me alegro de haberme metido de a lleno en la psiquis de ese hombre. Porque detrás de esa separación de fragmentos, mi mente fue descubriendo otras cosas mucho más importantes que esas mojigatas separaciones. Aún no sabía que se convertiría en mi peor enemigo. Pero cuando eso ocurrió, yo estaba muy bien posicionado para conocer a fondo a ese enemigo. Y si quieres combatir a un enemigo, trata de conocer hasta el olor de su aliento y de que pata cojea.

Dos fueron las conclusiones que saqué de esa investigación. La primera fue la sistemática repetición de conceptos, ideas o de una posición política. Jamás, escúchese bien, jamás, el más mínimo cambio, la más mínima contradicción. La segunda se desprende de la primera: una metódica, taxonómica estructura doctrinaria, de una consecuencia sorprendente y sin resquicios.

Este tipo de postura conceptual inamovible, sólo podría ser resultado de una frenética y paciente elucubración mental durante años y años, que permitiera pensar y repensar, limpiar y desechar, todo aquello ajeno a esa posición doctrinaria, que no tendría en el futuro ni el más nanomínimo cambio. Esa postura es, de alguien totalmente loco o con un obsesivo y bien delimitado campo de objetivos. Fidel Castro de esta forma, construyó una trinchera y se metió en ella, con SU razón, la única válida, como un suicida forrado de explosivos, por los siglos por venir. Y dentro de esa, SU razón, los objetivos bien precisos y los caminos para lograrlo. No importa que mueran cientos o miles o millones. Ese no es el punto. El punto es lograr los objetivos de esa razón, con alas y garras de pájaro carroñero.

Por ello, su tarea de máxima prioridad al triunfo de su empeño guerrillero, fue blindar de armas y de acero esa trinchera, la trinchera de SU razón, de la cual ni Dios con sus doce apóstoles, ni el mismísimo Diablo y sus ayudantes podrían sacarlo. Él y sólo Él sabía adonde quería llegar. Por ello, como un despiadado y loco Saturno, blandió su espada y le voló la cabeza a cuantos no compartían su trinchera, con tan siquiera una nanocoma de diferencia, amigos y enemigos. Fusiló, desapareció y aplastó con un odio y una venganza descomunal, a todo aquel que le hizo algún daño desde que era un niño, encerrado en la escuela La Salle, de Santiago de Cuba o que se le opuso en algún tramo de SU camino.

Desde 1970 he estudiado su pensamiento, sus reacciones ante los retos y sus acciones y contragolpes, para mantenerse en esa trinchera armada y acerada, de suicida a punto de estallar, bajo cualquier circunstancia actual o por venir. Porque a Él, a Fidel Castro, tenga la edad y los achaques que tenga, no se le puede sacar de allí, incluso, ni después de muerto. Porque después de muerto, Él ya ha tomado las provisiones para dinamitar las cárceles llenas de presos políticos, los subsuelos llenos de fotos, películas y documentos de sus miles de asesinatos y, lanzar contra el Enemigo, a cientos de miles y miles de combatientes que le han seguido hasta ahora y que a Él, no le interesa un comino que mueran. Si mueren millones, Él y su Razón serán más grandes.

Ya lo demostró en la Crisis de Octubre de 1962, cuando le pidió a Nikita Kruschev que lanzara bombas atómicas contra los Estados Unidos, sin preveer que, de ese golpe, no sólo morirían norteamericanos, sino que desaparecerían casi 7 millones de cubanos.

Ese comportamiento se ajusta a lo que la medicina llama la psicopatía, que no es una enfermedad mental, sino un trastorno de la personalidad de un alto grado de peligrosidad criminal.

Tomo esta definición de un sitio de salud: “El psicópata considera a los demás como un medio para satisfacer sus necesidades, sólo siente aprecio por sí mismo, es egocéntrico, se cree el centro del mundo y manipula a los demás. La psicopatía hay que entenderla como una combinación entre predisposición biológica y factores sociales. Sabemos que su mente está afectada por experiencias vividas en su infancia o adolescencia. Infancia traumática, abandono, malos tratos, abusos, violaciones, rechazo, etc. Todo esto causa un efecto en la mente del psicópata y es lo que le motiva a vengarse con la sociedad de todo lo que le ocurrió”.

Estos conceptos son los únicos que pueden explicar la arrogante indiferencia, su extrema insensibilidad y la inamovible e incompasiva actitud de Fidel Castro, ante el asesinato de sus amigos u opositores, como el del General Ochoa o el reciente de Orlando Zapata Tamayo. Estoy totalmente seguro que le dijo a su hermano y a Furry “Dejen que se muera el negro de mierda ese… y dejen morir a los que vengan.” Y le ordenó a sus plumíferos verdugos del Granma, que dijeran que con él no valen chantajes ni platanitos fritos. Oigan esto, la huelga de hambre y la muerte de ese muchacho albañil y ex miembro de la juventud comunista, que pedía la liberación de los presos políticos, un chantaje. No hay palabras…

Alguien que fue de su entorno y de su entera confianza durante muchos años, escribió en un libro, refiriéndose a sus antiguos enemigos que aún se pudren en las cárceles: “Que una vez que levantas un arma contra Fidel Castro, no puedes rendirla, nunca” (Norberto Fuentes. Dulces Guerreros Cubanos Seix Barral. Octubre de 1999. Pág. 248.)

Lo que no sé si Fidel Castro, en sus largos años de construcción de SU trinchera de odio y, de la preparación de miles de hombres a quienes les construyó esa misma trinchera en la cabeza, podía preveer que, esos mismos hombres pusieran SUS propias razones en su nuevas y gandhianas trincheras y, fueran capaces de llevar una huelga de hambre hasta las últimas consecuencias, de su propia muerte, en defensa de sus sólidas y pacíficas razones, como las huelgas de Zapata Tamayo y Guillermo Fariñas, uno, ex joven comunista y constructor y el otro, su propio guardaespaldas y combatiente internacionalista.

La muerte de Orlando Zapata Tamayo y la posible muerte de Guillermo Fariñas son los dolorosos primeros cañonazos, contra aquella arcaica y ya erosionada trinchera, donde un día, un peligrosísimo suicida y psicópata asesino, se refugió con un fusil de mirilla telescópica y sus bandoleras llenas de explosivos, para defender SU Razón, y no la razón de todos los hombres y mujeres de esa isla. Estas muertes sí son un punto de no retorno para la dictadura más antigua del mundo.

De lo que se trata ahora es de seguir esa lucha hasta las últimas consecuencias, sin miedo, con la cabeza bien alta y llena de orgullo, pero con la inteligencia y la astucia, que aquel asesino utilizó para tomar el poder. Y contra este hombre y sus verdugos, no hay nada más inteligente y astuto, que seguir el camino de Gandhi, el camino de las Damas de Blanco, con sus gladiolos y sus palomas. Y que cada huelga de hambre y cada muerte, sea un cañonazo contra la otrora invencible fortaleza y, un llamado al mundo a la solidaridad y el apoyo.

Ellos no saben qué hacer o cómo reaccionar frente a estos aguerridos combatientes, que llevan en sus manos gladiolos o marchan en protesta por las calles de la isla, desarmados, sin tan siquiera un tirapiedras, la paz como escudo y emblema y la verdad y la razón como banderas. Mientras tanto, hay millones de cubanos mirando por primera vez, con simpatía o asombro, a esos hombres y mujeres y, hay millones de personas en todo el mundo observando la Cuba Real, la real barbarie, las palizas, los golpes y la envilecida brutalidad del Dictador. Y esas voces se están oyendo y llevan un eco de ondas y ondas, que se van expandiendo. Junto a ello, hay cobardes que callan. Pero quien calla, otorga.

Ojalá que Guillermo Fariñas no muera. Ojalá que no sean necesarias más huelgas ni muertes. Ojalá que las personas razonables que aún existen en Cuba, levanten su voz ante esta silenciosa, cruel y dolorosa masacre. Ojalá que la juventud y todo el pueblo, se conmuevan ante tanta alevosía, y se unan a esas marchas de gladiolos y palomas.

Este es el comienzo del fin. Ya era hora. Porque trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.

Asdrúbal Caner Camejo

Representante del PSC

en Canadá.

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